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Sevilla-Lisboa 365 km

viernes, 25 de noviembre de 2016

ARROYO DE LA PLATA-VALDEFLORES. DÍA 5 SEVILLA-LISBOA 365 KM

Avanzando hacia Lisboa. Arroyo de la Plata – Castillo de las Guardas – Valdeflores. Mi amiga Catt me lleva en su coche y de paso pasamos el día. Estamos preparadas para la diversión y para un poco de lluvia. Se supone que la diversión será todo el día pero la lluvia solo empezará un poco más tarde, así que salimos temprano para evitarla.
Pero resulta que la lluvia también se ha levantado temprano, queriendo sumarse a la diversión y venirse de excursión con nosotras. Hay que convivir con ella, porque no pensamos dar marcha atrás ahora. Además es una lluvia finita, un calabobos de nada, y tenemos paraguas. Así que mientras Catt va con el coche a El Castillo de las Guardas a subir y bajar por todas sus callejuelas dejando boquiabiertos a sus habitantes con sus piruetas marcha atrás, cuesta arriba y sin derribar la casa de ningún vecino, yo echo a andar por la carretera. Que es lo mío, a fin de cuentas.
¿Os acordáis de las recomendaciones de mi amigo el policía la semana pasada? (“cómprese un chaleco amarillo fosforescente, que son el no va más”). Pues me he comprado uno, y creo que al final no me queda tan mal. Alegre es. Me da un aire como de... naufraga, o algo así. Soy la alegría del naufragio, es la frase que se me ocurre. Le he cogido una especie de cariño perverso. Como no camino por la noche me lo pondré en tramos con mucha policía y en días grises como hoy. No espero que sean muchos.
Y hale, a caminar, dirección Portugal, que Catt me espera en la segunda salida para Castillo de las Guardas...
La carretera es lo que es, pero siempre encuentras cosas. He encontrado un cortijo abandonado, rodeado de flores.
Y alcanzo a Catt y me subo a su coche, y aunque tenemos claro que una lluvia finita es mucho mejor que una lluvia infinita, de repente empieza a borrarse la distinción entre las dos cosas...
Vemos el Castillo de las Guardas bajo paraguas, pero el pueblo nos encanta,
tiene un castillo que en realidad son cuatro restos de una antigua pared, todo lleno de agujeros, aunque hay una explanada donde podemos bailar y posar para fotos,
y luego encontramos un bar con chimenea y allí matamos otro rato,
porque ya es la hora de la cerveza, o la hora del café, o ambas cosas a la vez.
Y a mí me queda solo un pequeño tramo de caminata hasta Valdeflores, unos 4 kilómetros, para completar la etapa de hoy.
Allá voy, después de pedirle prestado a Catt su abrigo. Me hace una foto desde el coche, para que veáis que en esta travesía no se hacen trampas...
Al rato tengo la oportunidad de practicar mis habilidades como fotógrafa de cerdos, porque ya hemos entrado de lleno en territorio pata negra. Voy mejorando. Aunque me he dado cuenta de una cosa: que todos los animales –cerdos, cabras, ovejas, gansos, lo que sea– huyen despavoridos nada más verme pasar, con la única excepción del león. (Estos no me habían visto todavía. En cuanto me acerqué un poco más se piraron todos). ¿Por qué será? Deben de estar muy acostumbrados a ver pasar coches, pero a personas andando nunca. A lo mejor me confunden con un cazador. Y yo lo único que voy a disparar es la cámara, y lo único que consigo encuadrar son sus cuartos traseros, sus jamones, desapareciendo a toda velocidad detrás de las encinas.
Pues nada, ya estamos más en nuestro medio. En Valdeflores hay una venta (ya hablaré del tema de las ventas, las adoro) pero decidimos tirar carretera adelante (en coche, claro) hasta Higuera de la Sierra, donde hay más variedad, y nos metemos en un bar, la Colmena,
que es como de cazadores. Es como si los hombres llevaran un uniforme, verde oscuro. Y desde luego en este bar de cazadores es imposible hacer una foto sin que le salga una cornamenta a alguien.
Hay taxidermia creativa en las paredes,
una lámpara o candelabro de cuernos,
y luego seguimos con el almuerzo en esta otra venta, Casa Carmona. Croquetas caseras y unas patatas increíbles, qué bien hemos comido allí, después de haber pintado esta acuarela virtual, con la mente, con la lente quiero decir, desde el coche. Y luego pá Sevilla. Higuera de la Sierra es mi próximo destino, y ya sé dónde voy a comer – y qué voy a comer – cuando llegue. Me gusta tener las cosas bajo control :)

martes, 15 de noviembre de 2016

LAS PAJANOSAS-ARROYO DE LA PLATA. DÍA 4 SEVILLA-LISBOA 365 KM


Pues nada, llego al punto de partida, Las Pajanosas, y empiezo a caminar. Lo primero que hago es hacerme una foto sin cabeza, como podéis ver me la he dejado en casa, pero no pasa nada, traigo una de repuesto...
Por este bucólico camino me meto, dirección El Garrobo... y a los cinco minutos empiezo a oír ¡Pum! ¡Pam! y empiezan a volar las balas. Pero esto ¿qué es? ¿Estoy en medio de un coto de caza o qué?
Ah, pues sí que lo estoy. O muy cerca de uno. Hay una valla entre las actividades cinegéticas y yo, pero no creo que una valla con tantos agujeros haga mucho para parar tantos tiros, y si me confunden con un jabalí (o con la bambi, mejor ¿no?) mi travesía acabará aquí en Las Pajanosas y nunca llegaré a Lisboa. Bueno, creo que no están tan cerca como para volarme los sesos, y la vaca de la foto por ejemplo también oye los tiros y ni se inmuta... aunque un momento, ¿eso es una vaca o un toro? Y ¿qué hago pensándomelo tanto? Mejor aligerar el paso y salir de aquí cuanto antes...
Y me quito de en medio con la velocidad de una liebre y dejo los tiros atrás, siguiendo por este agradable camino rural. Más de 5 kilómetros tiene, con algunos obstáculos...
... aunque aquí el agua siempre se puede rodear, así que no me he mojado esta vez. Hay que disfrutar de estos senderos rurales mientras pueda porque ya vendrán los kilómetros de carretera, unos 300, creo, así que no me voy a quejar.
Bueno, en realidad no sé cuál es peor, el ganado bravo detrás de esta valla tan endeble,
o la policía en este lado de la valla. ¡Sí! No es broma, ¡me ha parado la policía!
Y ¿por qué me ha parado la policía? Es la primera vez que me pasa. Pues no era para ponerme una multa de 25.000 pesetas por tirar basura y escombro, como sugiere este añejo cartel, sino por.... ¡como iba vestida! Sí, por la ropa. Y mira que la había elegido con mucho cuidado e iba con una falda muy bonita y de buen gusto. Querían saber por qué no llevaba un chaleco amarillo fluorescente con bandas reflectantes.

Posibles respuestas a un policía que quiere saber por qué no llevas un chaleco amarillo fluorescente con bandas reflectantes:
     a.  Pero ¿no ve que llevo un bolso morado? ¿Cómo voy a llevar un chaleco amarillo con un bolso morado? ¡Puagh!
    b.  Perdone pero esto es una travesía superconjuntada y tiene un código de vestimenta. Además estaba intentando no llamar la atención. Si ¡yo no quiero que me miren! Y si me miran, no quiero que sepan a qué voy. A ver si voy a parecer una peregrina de Fátima...
     c.  Ah... ¿hay que ponerse un chaleco amarillo para andar por la carretera? ¡No tenía ni idea! ¡Me compraré uno!

Ya os podéis imaginar cuál es la respuesta correcta. Acerté. Y sí, creo que me compraré uno. Parece ser que no es obligatorio exactamente, o no a las horas a las que yo camino... es “por mi seguridad”. Pero es verdad que me podría venir bien en algún tramo peliagudo con poco arcén o poca visibilidad, o con muchos policías, creo que no estaría demás ir provista de uno, aunque solo sea para uso en emergencias o para colocármelo rápidamente cada vez que vea luces azules en el horizonte. Y además “seguro” que le encuentro otros usos: mantel para un picnic, toalla de playa... Quizás incluso evite que me atropelle un coche, ¿quién sabe? Espero que no pese demasiado ;)
Y nada, vuelta a la carretera, con más flora, más fauna... El cabrero de El Garrobo trae su pequeño rebaño de cabras. Por lo demás hay cosas muy variadas, ya no hay algodón pero sí bellotas, higos chumbos, y calzoncillos (sí, dos pares he visto, al lado de la carretera en sitios distintos y me pregunto qué es lo que le impulsa a la gente a tirarlos por la ventana del coche, realmente no lo entiendo pero si alguien me puede aclarar...).
Esto es El Garrobo, donde hago la parada del Sumol en Bar Pérez (esta vez sí hay zumo de naranja natural.)
Y al final, después de sumar 19 kilómetros, que ya es una distancia respetable, llego a la Venta de la Plata, o sea Arroyo de la Plata, mi último y plateado destino de momento. Próximamente, más...

miércoles, 9 de noviembre de 2016

GUILLENA-LAS PAJANOSAS. DÍA 3 SEVILLA-LISBOA 365 KM

Andaluciamanía. Me encanta. Sigo caminando.
Dejo atrás Guillena...
A partir de aquí, solo
vacas.
Un paisaje precioso. ¿Alguien me puede aclarar si son olivos, alcornoques o encinas por favor?, porque desgraciadamente nací sin la capacidad de distinguir un tipo de árbol de otro (en serio)...
Las vacas no se han manifestado, aunque gallinas, gallos y gatos sí. Un poco más adelante, oigo lo que parece ser los rugidos de un león. Sí, claramente. Un león me está llamando. De repente esto me recuerda la experiencia de mi hermano Fran cruzando África a pie, le pasaban cosas así día sí día también. Afortunadamente la voz del félido me llega desde detrás de un valla enredada con arbustos, pero ¿qué hace un león a medio camino entre Guillena y Las Pajanosas?
Ahhh, es este león...
Y para mi sorpresa (o no), la Torre Pelli se sigue viendo desde aquí. Supongo que hay Torre Pelli para rato todavía... ¿desde dónde se verá? ¿Desde Aracena?
También he visto mi primera piara de cerdos (han huido en bandada nada más verme con la cámara, pero digo yo que serán los primeros de muchos y ya aprenderé a fotografiarlos)...
Y ya llego a mi destino por hoy.

¿Y el gentilicio? ¿Cómo se llama la gente de Las Pajanosas? (unos individuos muy simpáticos, por cierto). Pues ni pajanoseros ni pajanosos ni pajanosarras ni nada de eso... se llaman venteros. Venteros, por la gran cantidad de ventas que siempre ha habido en este pueblo, que es una parada en la Ruta de la Plata.

El sábado, si los vientos, las ventas y los venteros son favorables, seguiré caminando hasta Arroyo de la Plata.

¡Hasta pronto pues!

jueves, 20 de octubre de 2016

LA ALGABA-GUILLENA. DÍA 2 DE SEVILLA-LISBOA 365 KM

Segundo día. Me bajo del autobús en la Venta Azahar y me lanzo por la A-8006.
Un río amigo: el Guadalquivir.
Avanzo a un alegre trote por la carretera y luego por un camino rural. Ni pizca de sombra en estas latitudes, pero se supone que esto es el otoño ¿verdad?
Hago la parada del Sumol en Torre de la Reina,
que es un pueblo estupendo, me encanta. La dueña del bar me enseña una pequeña naranja medio espachurrada y me dice que no hay zumo hasta la semana que viene, así que va a ser la parada del 7 Up, qué le vamos a hacer.

No soy la única tomándome algo en la tranquila y luminosa Plaza Mayor.
Sigo por la ruta del algodón hasta que veo mi destino en el horizonte:
Allí está Guillena. Con solo un agradable camino rural entre ella y yo. Bueno, y una fábrica de áridos y hormigones. Ah, y un río, claro.
Y un montón de cabras, con su joven cabrero. Y un pelotón de ciclistas, porque eso siempre lo hay. Bueno, no me va a desconcentrar el asedio de los velocistas (aunque me gusta el sonido de las ruedas) ni el tufo de las cabras, porque ahora tengo que centrarme en cruzar el río. Voy buscando esa franjita de tierra seca y acondicionada, civilizada, que he visto por satélite en el Google Maps, y que si quieres ir andando de Sevilla a Lisboa es por donde te manda.
Y de repente veo entre las cabras algo que detesto pero que ahora mismo me viene muy bien: unas instrucciones para los peregrinos del Camino de Santiago, diciéndoles donde tienen que cruzar el río. ¡Genial!
El primer vado y el segundo vado. O sea que hay dos vados, dos. ¡Si puedo elegir y todo! El primero es aquí y el segundo un poco más adelante. Pues vamos a cruzar por el primero, por ejemplo...
Pero ¿qué tomadura de pelo es esto? Este es el primer vado. Yo no veo la forma de cruzar aquí sin caerme al agua. Ni que fuera una cabra. Ni hablar.
 Me río del primer vado. ¡Vamos a por el segundo!
Sigo entre cabras y justo cuando me voy a desesperar porque el segundo vado no aparece nunca y me parece que tendré que llegarme al puente del autovía a medio kilómetro de distancia (hmmm, como Plan C no está mal...) veo esto. ¡Más claro que el agua!
Uuh... nunca mejor dicho. O sea que ¿esto es el segundo vado? Es todavía peor que el primero. Tanteando con el pie veo que todo lo que tiene hierba y podría ser tierra firme son bancos de lodo y mares de fango (vaya idea estúpida meter el pie para comprobarlo). ¿Ahora qué hago? ¿Sigo y me subo al puente del autovía, con los 30º de calor que hace ya a estas horas y sintiéndome una fracasada, engañada por el Google Maps? ¿Vuelvo para atrás e intento cruzar por el primer vado? (Quizás el pastorcillo me lleve en brazos, bueno, mejor que no).
Y me quito las sandalias y cruzo por el fango y las piedras y con el agua hasta las rodillas. Fresquita, eso sí.
Y ya en el otro lado me parece mentira que haya cruzado por aquí...
Misión cumplida, pero ¿ahora dónde rayos estoy? Parece ser algún tipo de barrio marginal en las afueras del pueblo, al final he andado tanto con las cabras buscando los vados que he pasado toda Guillena y la he dejado atrás...
Estoy completamente perdida, fuera del mapa. Intento desperderme. Lo único que sé es que estoy en Guillena, eso lo tengo claro.
Y por fin llego a la Plaza de España, ¡uf! Un bar, ¿dónde hay un bar? Ah, hay cientos de bares, qué bien!
En el bar hay tapas de carne y tapas de pecado (sic), pues una de pecado me tomaré, mismamente. He dado un breve paseo por las calles del centro y veo que Guillena es un pueblo con mucha vida, un pueblo para divertirse. Blanco, amarillo y para divertirse. Hay una banda sonora de conversaciones y copas. Una evidente diversión. Guillena. Bullanguera. Guillenguera, que no es exactamente lo mismo. Me gusta. Lo he conseguido ;)