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La Travesía

jueves, 22 de agosto de 2013

SC 18 (II): Praia de Angeiras - Póvoa de Varzim


TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DE PORTUGAL, ETAPA 18 (II) Día 2: Praia de Angeiras – Póvoa de Varzim

Y ¿qué hay después del fin del mundo? Pues esto es lo que hay: un montón de playas. Definitivamente, merece la pena pasar al otro lado.

El día 1 de la travesía (o sea, ayer) después de llegar al fin del mundo y un poco más allá, volví en autobús a Oporto, ya que no había hoteles en destino. La mañana siguiente, cogí el mismo autobús para volver a donde lo había dejado. Ya sabía que el bus era un poco tortuga… pero entre todos los tiempos y retiempos y contratiempos que me pasaron, que eran muchos… me di cuenta que había tardado casi lo mismo en llegar hasta allí en autobús que lo que había tardado andando el día anterior… o sea, que me vi pasando en autobús a las 10 de la mañana por donde había llegado a pie a las 11…. ¿no es alucinante? Ya veis, la única forma fiable de llegar a los sitios es andando!! Ya sabía yo que tenía razón!!

Pues nada, mejor tarde que nunca, empieza el día 52 de la travesía Superconjuntada, o sea del día 2 de la etapa 18, y todo muy bonito y sin novedad: 
                                                               Mindelo
playas y pueblos, pueblos y playas, y lo mismo los pueblos que las playas tienen bares en los que puedes entrar y embuchar un pastel de nata y engullir un Sumol, así que los dos me parecen la más alta expresión de la civilización humana y estoy encantada de pasar por ellos. Y esta vez todos los caminos tenían su poquito de sombra, y yo cabía en todas las aceras, así que la travesía ha vuelto a ser tan agradable como siempre. La etapa de junio fue una dura prueba… que superé, pero costó un poco. Esta está siendo mucho más fácil…


Después de un rato de marcha (ponle toda la mañana), llegué a Vila do Conde, una entrañable ciudad costera que me gustó, aunque me la había imaginado algo más espectacular. 
Entre Vila do Conde y Póvoa de Varzim (mi destino del día) hay una larguísima calle, estrecha, con casas pequeñas, abandonadas algunas, marchitadas, moribundas, polvorientas y un poco tristes, justo el tipo de calle que me gusta a mí.
O así recuerdo yo esa calle, al menos, pero creo que mis recuerdos son un poco selectivos porque al volver a recorrerlo en el Street View me la encuentro también llena de bloques de 6 pisos, coches aparcados, garajes, el Banco Espírito Santo, el Minipreço, etc. Pero si yo solo recuerdo las casitas, mejor para mí ¿no?, a veces parece que vas borrando lo malo y lo feo de la mente, y así todo queda mejor.

Y me di cuenta de un hábito curioso que tienen los vilacondenses, que se practica por toda la calle de las casitas marchitadas hasta Póvoa de Varzim, donde ha contagiado también a los poveiros varzimeiros, que consiste en empapelar las ventanas de las casas abandonadas con muertos, o sea con las esquelas de los últimos fallecidos del barrio. Hay casas ruinosas que tienen un solo fallecido, otras tienen dos o tres, otras muchísimos…
… y allí están, mirándote desde las ventanas de las casas mientras das tus paseos…
Y nada, ya llegas al centro, al centro de Póvoa de Varzim, que tiene casas vivas y no solo muertas, casas típicas y también grandes mamotretos verticales, y un buen restaurante (Firmino), y todo al pie de una enorme playa con la arena gruesa como canicas pero donde se está muy bien y muy a gusto. Póvoa de Varzim ya lo conocía y sé que es una ciudad simpática.

Otro destino alcanzado, otro día tachado de la travesía…

Me quedan tres ahora…

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                       Porto - Lavra                                                      Póvoa de Varzim - Esposende

lunes, 19 de agosto de 2013

SC 18 (I): Porto - Lavra (Praia de Angeiras)




TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DE PORTUGAL, ETAPA 18 (I) Días 0 y 1: Porto – Lavra

Hola... hola… aquí estoy de nuevo, para seguir con mis crónicas portugaleras...

Lo habíamos dejado en Vila Nova de Gaia, ¿verdad?, hace tres semanas. Pues el siguiente paso después de V.N. de Gaia es cruzar a Oporto por el fabuloso Puente Dom Luis, suspendido en el aire, ¿andas o vuelas? Yo el recuerdo más vivo que tenía del Ponte Luiz I es haberlo cruzado hace muchos años, estamos hablando de… 1995… un día de tremendo viento y lluvia, no había ni un alma por la calle ni mucho menos arriesgándose a cruzar un puente suspendido a 40 metros de altura, que ese día en concreto se movía arriba y abajo como sacudido por fuerzas demoníacas, que no es lo mejor para personas con vértigo como yo. O sea que la última vez pasé realmente miedo allí arriba, así que no sabía qué esperarme.

Y mira tú por donde, pues resulta que por lo menos el día 6 de agosto cruzar el puente era un verdadero juego de niños. No se movía nada y además estaba lleno de turistas… no había caído yo en eso, que no sería la única persona cruzándolo, como la otra vez. Y ha sido muy divertido. Y con vistas espectaculares, claro.
Próximo paso: Avenida de Boavista. La Av. Boavista es una larguísima arteria (las otras calles son venas) que te lleva hasta el mar (bueno, te lleva al mar si se te olvida girar donde tienes que hacerlo, que no fue mi caso esta vez). Y es la avenida de los contrastes, unos sobre otros: lo impactante con lo soso, lo pequeño con lo grande, solera con nueva planta, cristal con madera y metal y yeso y asfalto, algún árbol, y en general es una avenida muy recta, muy previsible, muy ancha y muy interesante (por ese orden o por otro).
Y luego giras y andas hacia el norte y todo es muy entrañable, y si sigues en la misma dirección llegas a Matosinhos.

Y Matosinhos… me sorprendió gratamente. ¡Me encantó! Es uno de esos sitios humildes y amables, creaciones obreras con solera, y me recordó un poco al barrio de Alcântara en Lisboa, pero un poco más… no sé, descosido, con flecos, un poco abierto por los bordes.
Y los señores de Matosinhos… qué simpáticos son. Uno que si quería que me hiciera la foto, otro que si estaba perdida, y otros más, todos queriendo sonreír y ayudar, Matosinhos está lleno de señores simpáticos, definitivamente es la ciudad del buen rollo.
Y el mercado me impresionó, con sus…
… conejos enjaulados, y gallinas, claro... o sea, animales vivos... daban un poco de pena, la verdad... me sorprendió un poco ver eso a la venta, diría que es algo antiguo... ¿qué me decís?
Y si llegas a Matosinhos también has llegado al Porto de Leixões, el puerto más grande de Portugal, porque el puerto de Leixões está todo en medio de Matosinhos, o sea que empieza en Matosinhos, y por supuesto merece la pena hacer un desvío para conocer los dos sitios mejor. Y después de Matosinhos y Leixões está Leça da Palmeira, que tiene
un parque de atracciones petrolífero,
con su correspondiente peste, claro, y si sigues por esa carretera llegas, todo de repente y sin saber muy bien cómo, al Fin del Mundo.
Y el Fin del Mundo resulta ser esto:
Sublime y terminante paisaje, ¿verdad?, por lo menos es original (y tiene un bar)… pero luego te das cuenta de que ¡¡no es el fin del mundo!! ¡¡El mundo sigue!! De hecho hay casi 100 kilómetros más de Portugal que hay que recorrer todavía antes de llegar a Caminha...

¡¡Menos mal!!, porque me lo estoy pasando muy bien y no me gustaría que acabara aquí, no no…

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          Espinho - Vila Nova de Gaia                                     Praia de Angeiras - Póvoa de Varzim

domingo, 28 de julio de 2013

SC 17 (V): Espinho - Vila Nova de Gaia/Porto



TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DE PORTUGAL, ETAPA 17 (y V) Espinho – Porto

Salgo de mi décimo piso en Espinho y veo que el vendaval sigue, y sigue. Bueno, es lo que tiene esta parte de Portugal. Si lo pienso, este ventarrón me ha acompañado los últimos 230 kilómetros (además siempre se las arregla para soplar en tu contra), así que ya es hora de que me vaya acostumbrando. Paciencia, lo sé…
Hoy el camino es básicamente costero. Los pueblos de Granja, Aguda y Miramar son preciosos, con sus chalets antiguos y la sombra de sus árboles. Porque también sigue la ola de calor, aparte de la ola de viento. Casi nadie se atreve con la playa hoy. Yo tampoco me atrevería (he pasado casi toda esta etapa huyendo de la playa, mi personalidad ha cambiado ¿veis?)
Pues nada, me hago una trenza contra los enredos del viento, para no espantar a los pobres pájaros, y sigo. A pesar de todo es un día bonito.
Y luego viene… la parte urbana. Donde me alejo de las playas y pongo rumbo a Oporto. También puede ser difícil porque hay que callejear y seguir los apuntes de mis mapitas, que me pone en gran riesgo de perderme, o en todo caso se tarda mucho, pensándolo todo antes, durante y después. Pero al final resulta ser fácil, porque en todos las encrucijadas del camino están unas señales para poner en el buen camino a los coches y yo lo único que tengo que hacer es seguir las flechas para coches, ¡qué bien! Ah, pero… todos los coches también siguen esas flechas, así que no tan bien, porque ahora los tengo todos pegados a mí, al paso que vamos podría haber ido por la autopista…
Pero encuentro mi camino. Ya os digo, muy difícil no es. Que no es difícil cruzar Portugal a pie. Lo haces como paso a paso.
Por fin remonto una loma y tengo mi primera visión de Oporto en el horizonte. Y es verdad, he llegado hasta aquí, tengo Oporto a mis pies…
Solo hace falta cruzar unas cuantas autopistas y estaré allí…
Pero primero me voy a tomar algo, así que entro en un bar y este es el espontáneo resultado. Voy a pedir un Sumol pero en vez de decir “un Sumol” me sale “una cerveza”, ¿nunca os ha pasado eso?
Y al salir del bar soy toda felicidad y callejeo por calles de verdad, calles urbanas, construidas, nuevas y antiguas y ambas cosas a la vez y he llegado a Oporto, estoy en Oporto, esto es Oporto, la gran urbe. Y tiene de todo, mucho río y muchos barcos y muchas, muchas bodegas de vinos.
En realidad, técnicamente, la etapa no ha terminado en Oporto sino en Vila Nova de Gaia, porque no he cruzado el puente todavía. Eso lo dejo para la próxima etapa, porque me interesa más que no se me cierren los ojos de cansancio y me caiga al agua, porque todo esto tan espectacular quiero verlo bien, y también quiero tener mejor cara para las fotos, vamos a intentar hacer las cosas bien, para la exposición y para mi dignidad personal…

Luego a la noche salí, salí con unas amigas porque daba la casualidad de que teníamos la presencia del Centro Cultural Lusófono de Sevilla en Oporto ese día, jeje, casualidades de la vida, el mundo es un pañuelo. La gente de mi asociación estaba porque tenía también un viaje, que terminaba en Oporto como el mío, aunque era un viaje de estilo y contenido algo distinto. Me colaron en el restaurante de su hotel de cinco estrellas para que pudiera saludar a todo el mundo, luego
salí a dar una vuelta por el barrio con Carmen P y con Pino. Y al barrio no le faltan atractivos, como por ejemplo este bar con cerveza negra y jardín verde, que Carmen encontró por el infalible método de preguntar (un estupendo método que yo no uso, y por eso siempre ando perdida por sitios horribles). Pero fue una noche muy divertida y una noche que acaba así:
no puede ser muy mala ¿no?

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                       Ovar - Espinho                                                   Porto - Lavra (Praia de Angeiras)

martes, 23 de julio de 2013

SC 17 (IV): Ovar - Espinho

TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DE PORTUGAL, ETAPA 17 (IV) Ovar - Espinho

Salgo del huevo fabergé y me echo a andar sobre patas renovadas,
 y ¿esto qué se supone que es?
¿Una acera? Y ¿se supone que yo tengo que andar por ella?¿O me están tomando el pelo? En el lado en el que debería ir (o sea, el otro) solo hay más de lo mismo ―unos centímetros escasos de malas hierbas― y lo único que gano yendo por el lado más peligroso es que tengo un poco de sombra, que me llega hasta los tobillos, las rodillas, o los codos con suerte, pero casi nunca hasta la cabeza, que es donde me interesa, porque así no me iré volviendo loca mientras camine. Pero ¡merece la pena! ¿De dónde ha salido esta ola de calor? No estaba prevista. ¿No estaba aterida de frío ayer?
Esto si no me equivoco es un hórreo, ¿verdad? No sabía que los había en Portugal. Debemos de estar cerca de Galicia ya…
Pero en cuanto salgo de la pequeña tregua rural ya estoy otra vez con la mínima expresión de la acera por los dos lados de la carretera. Y siempre camiones, camiones, camiones....
¡O sea que salir a una acera así es un lujo! Además allí lo veis, tiene medio metro cuadrado de sombra de la buena, y paso por ella despacio, despacio…
Y nada, ya estamos otra vez con esto. Pero no me importa pasar levantando las piernas como en el cambio de guardia griego y recogiendo todo el yeso y el polvo de la pared con el vestido mientras los coches me rozan el codo por el otro lado si al menos hay un poquito de sombra……

Y siempre camiones, camiones, camiones….

O sea que no ha sido el día más fácil de la travesía, que digamos.
Y todas estas actividades frustrantes/ensuciantes/calurosas/suicidas cansan, y cuando llego a Espinho todo en mí está tarumba y solo sé que tengo que seguir hasta que encuentre un bar donde me pueda tomar una cerveza, y no sé qué me están diciendo todos estos semáforos, si parar, si pasar, si esperar, si adelantar, si cruzar, si….
Pero por fin sale este maravilloso bar a mi encuentro y me tomo la cerveza que me merezco (que a partir de estas latitudes ya se llama un fino, y hay que pedir un fino, y eso es muy difícil porque siempre tengo miedo de que me pongan un fino, ya me entendéis).

He llegado a Espinho como un robot (es solo cansancio, solo cansancio, no pasa nada), y tengo las piernas como dos piezas de maquinaria pesada, que remolco hasta un restaurante que tiene……. ¡un sofá! y allí paro la máquina y como y bebo con una sonrisa idiota en la cara porque ¡¡soy muy feliz!!
Luego me llego al hotel. Voy en vacío ya, con el motor apagado, pero afortunadamente está muy cerca del sofá-bar.
Y subo y subo y subo y subo, verticalmente, sin hacer esfuerzo, y llego a un gran apartamentito con salón, dormitorio, cocina y cuarto de baño con recibidor. Y empieza la siesta.

Desde la décima planta el mar suena a autopista.

Por la tarde rehúyo la playa con cualquier excusa (que hay un vendaval, por ejemplo, y veo claramente desde el décimo piso que la gente tiene frío) y duermo remoloneo y me tomo un baño sin fin, luego salgo a dar un paseo (tengo las piernas estupendas, era solo cansancio, no pasaba nada),
y Espinho es bonito, además lo han mejorado desde la última vez que yo estuve aquí, en el 2005, soterrando las terribles vías del tren que cortaban la ciudad en dos y cosas así,
Espinho es bonito y también cervecero,
y al final llego a la playa, aunque creo que es un poco tarde para tomar el sol ya….

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                        Torreira - Ovar                                                   Espinho - Vila Nova de Gaia

viernes, 19 de julio de 2013

SC 17 (III): Torreira - Ovar

TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DE PORTUGAL, ETAPA 17 (III) Torreira - Ovar

A ver, ¿por dónde íbamos? 
 Ah, sí. ¿Os situáis?

Eso, Torreira, Día 2. A la mañana siguiente. Abrí el balcón a ver qué tal se presentaba el día y era algo terrible, frío y viento, hasta parecía que llovía pero resultaba que no era lluvia exactamente, era agua de la ría que el viento esparcía por todos lados. El peor día que he tenido que caminar nunca. Ya me estaba poniendo todas y cada una de mis prendas de ropa, una sobre otra, pero al final a fuerza de esperar como un cobarde vi como se obró el milagro y salió el sol. No se fue el viento… pero el sol sí salió. Y ese día salí a caminar a las 10 de la mañana, ¡lo nunca visto!
¡Qué interesante! ¿verdad? la ría otra vez. Más ría, más y más y más, no hay manera de que se harte de sí misma. Pero esas expansiones de agua cristalina que había en la parte de Costa Nova ya las dejé atrás: aquí la ría es puro barro. Tendrá un maravilloso ecosistema, estoy segura, pero a ver quién es el valiente que embarca en algo desde este embarcadero… ¡¡yo no!! Y a ver quién es el valiente que mete su barco en todo ese lodo. Se acabaron los moliceiros…

Afortunadamente de vez en cuando tuve la oportunidad de escaparme de la abu-ría por calles y caminos rurales, con pueblitos, y detrás de las casas por fin se pierde de vista. El momento más bonito de la caminata del día 2 fue cuando me encontré con estos niños oxidados, niños fantasma,
camino a su guardería en ruinas.
Y en ese mismo momento pasó un chico montado a caballo, a pleno galope por la calle. Y todo me pareció maravilloso y lleno de historia y naturaleza y de cosas que pasaban.

Y esta pequeña yegua tan llena de energía seguro que nunca conoció a los niños fantasma cuando no eran fantasmas, porque es demasiado joven.
Y la ría sigue, al otro lado de las casas, y a la media hora te vuelves a encontrar con ella, regalándote la vista con más lodo, y aquí los atracaderos parecen más bien víctimas de un atraco.

Menos mal que encontré un estupendo bar estilo japonés, muy pijo (tuve que ir a peinarme para no desentonar), justo en la enfangada orilla, donde me tomé el Sumol de ananás más caro de toda la travesía, que bien mereció el dinero que pagué por él en ese entorno tan chic, que convertía los lodos en algo muy estiloso.

Pero ¿cómo acaba una ría?, os estaréis preguntando, porque me imagino que os estáis aburriendo de ella un poco ya. Pues así es como acaba una ría:
ignominiosamente (palabra del día), en un montoncito de barro y piedras y un desagüe echando porquería. ¡¡Por fin le he ganado a la ría!!
Y ahora puedo seguir por el carril bici. Voy muy bien por los carriles bici, son todavía mejores que el asfalto de carretera, es como si fuera sobre ruedas. Creo que en una vida anterior fui una bicicleta.
Y así seguí hasta la ciudad de Ovar (parece un pueblo pero es una ciudad, una ciudad pequeñita), donde a los habitantes yo les resultaba algo extraña, con mis bailecitos y mis autorretratos, solo les faltaba llamar a la policía, vamos. Una simpática vecina insistió en acompañarme a la puerta de mi hotel, pero estaba ya muuuuy cansada y alegrándome de que tenía piscina para después de la siesta.
Después de la pisci me di un bonito paseo por la ciudad, todo muerto un domingo por la tarde, claro, solo cuatro quinquis en las esquinas y yo, pero ahora con mi exposición a la vista tengo que concentrarme en dar paseos provechosos por las tardes y no perderme ninguna fotografía buena y representativa, hay que ver, parezco una fotógrafa. Abusando del teleobjetivo, aplastando las casas y los colores. Muy concentrada estoy, en eso. Espero no obsesionarme demasiado con ello en la última etapa en agosto.

Y Ovar es como un huevo de oro, un pequeño huevo fabergé en medio de Portugal, es bonito, me gustó.

Mañana más. Destino Espinho. ¡La costa!

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                         Torreira                                                                                 Ovar - Espinho